ChauriJorge Herrera
Jorge Herrera
18 May 2017

Día 3: Miradas

Era un día cualquiera, me levante a las seis y media de la mañana, la rutina parecía volver a repetirse un año más y la verdad no me disgustaba del todo, no sabia si era porque era lo único que conocía y sabia hacer bien o porque era la forma más segura de afrontar una nueva etapa que estaba a punto de enfrentar.

El reloj sonó dando la señal auditiva que eran las siete de la mañana y era el momento de subir a al automóvil conducido por mi papá y partir hacia lo desconocido, en una nueva escuela, nuevas personas por conocer y nuevas aventuras que esperaban sentadas por ser contadas y vividas de tal manera que alguien las recordara muchos años después de haber sucedido.

El primer paso era el más importante, me sentía como un astronauta alunizando por primera vez y añorando ser la primera persona en dejar su huella en aquel polvoriento y desértico lugar en el espacio. Una mirada panorámica para empezar a analizar el ambiente y empezar a reconocer rostros entre el tumulto de gente que se generaba en las mañanas en aquel patio de piso rojo.

Las horas pasaban y todo parecía a ser un día como cualquier otro en una institución educativa regida por la rutina buscando establecer un orden y la forma adecuada de educar a todas esas mentes disponibles para introducir toda la información que se encontraba en los cuadernos y que el maestro trataba de explicar a detalle para poder sentir que su vida estaba rindiendo frutos ayudando a que nuevas generaciones puedan llegar a un futuro con expectativas altas.

La campana sonó determinando que era fin del primer periodo de clases y todos se levantan de sus asientos a toda prisa sin preocuparse de que cosas dejan sobre sus escritorios, la velocidad era algo esencial en los quince minutos que tenías para poder ir a comprar a una tienda de cinco metros cuadrados que siempre estaba llena, nunca alcanzaba a satisfacer a nueve salones de veinticinco alumnos cada grupo de clases.

Iba saliendo del salón con cuidado para medir el cómo iba a ser la rutina todos los días de lunes a viernes para sobrevivir a aquella marea de alumnos que se acumulaba por los pasillos que terminaban en un patio que contaba con una cancha de basquetbol y ese fue el momento en que me percate de tu presencia, sonara algo mágico pero un rayo de luz se posó sobre ti resaltando el brillo de tu hermosa cabellera y fue cuando viraste tu cabeza y nuestras miradas se cruzaron por un instante que pareció eterno.

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